Vida de una hoja de cuaderno.

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”La curiosidad en un niño es lo que le hace ser creativo. Démosle libertad para explorar, manipular y observar. La escuela debería motivar al alumno para que esa curiosidad lo convierta en un adulto innovador capaz de cambiar el mundo”.

¡Ay! La cantidad de hojas de cuaderno que rellena un niño a lo largo de su vida. Sí ese cuaderno pudiera hablar y expresar cómo se siente el alumno cada vez que lo abre para escribir…

Desde pequeño y desde la primera página de nuestra libreta nos insisten en la limpieza, buena letra, márgenes, etc. ¡Correcto! Hay que tener un orden en esta vida, pero poco a poco.

Las hojas de los cuadernos son como capítulos de un libro, marcando el desarrollo de una historia, en este caso la historia de un proceso de aprendizaje. En un cuaderno se puede ver cómo ese alumno evoluciona. Pero, ¿qué ocurre cuando en ese cuaderno se arranca una hoja escrita? Entonces hay lagunas, incoherencias, tristeza y el cuaderno pierde sentido. Ese error, esa mala letra, ese desorden, ese margen torcido que tú arrancas de un cuaderno marca para toda la vida. El cuaderno queda triste, delgado, vacío, con ”espaguetis de papel” entre las espirales del alambre.

-¡No maestro! ¡No seño! No me arranques la hoja. ¡Déjala! Porque me ayudará. Me ayudará a ver que de esa forma no tengo que hacerlo, que me equivoqué, que esa hoja es parte del proceso de aprendizaje, que volveré a hacerlo con esfuerzo y me superaré. Que cuando vuelva a abrir el cuaderno lo miraré con orgullo, compraré y veré que lo he conseguido, que he conseguido superarme. Si la arrancas ese capítulo de mi vida quedará vacío, me pondré triste e incluso humillado porque lo hiciste delante de mis compañeros. Nosotros los alumnos no solo aprendemos lo que vosotros nos contáis, lo que nos enseñáis. También aprendemos lo que vosotros hacéis, os ”aprendemos a vosotros”. No me gustaría llegar a casa y romperle el dibujo que me ha hecho mi hermana (menor que yo) de los dos cogidos de la mano donde ponía ”Qiero a mi ermano”. ¡Es lo que tú nos has enseñado!

Las hojas de los cuadernos solo las rompemos nosotros para hacer un avión, una bola de papel, dibujar o escribirle al compañero una nota de amor.

No arranques mis errores y ayúdame a superarlos. Recuerda que soy un niño,  no un adulto y estoy aprendiendo. No quiero un cuaderno limpio desde la primera página, con que la última sea clara me basta. Entonces sabré que todos estos intentos de páginas me habrán servido para aprender.

 Escrito por Guadalupe Espinola Oliva.

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