La teoría de los elementos sueltos.

La creatividad empieza en el patio de la escuela.

Cada vez son más los centros educativos que se están planteando preguntas interesantes sobre el patio de la escuela. En el artículo ¿Cómo está el patio escolar? planteábamos la necesidad de reformar los patios escolares de manera que ofrecieran mayores oportunidades de juego, deporte y aprendizaje a los niños y niñas. Desde enero de 2017 existe en FB el grupo Patios Habitables, lugar de encuentro de las personas interesadas en esta temática: padres, madres, docentes, arquitectos y más hemos formado una pequeña comunidad de aprendizaje abierta donde se comparten ideas, inquietudes y experiencias de todas las etapas educativas.

Imagen de F. Finger

Son muchos los amigos y conocidos que, al ver las experiencias de transformación que se publican, como por ejemplo De patio a jardín, sienten el deseo de emprender acciones similares en su centro y se encuentran con grandes limitaciones, entre las cuales podríamos citar el tamaño reducido del espacio al aire libre, el predominio del gris cemento o la falta de presupuesto. ¿Hay alternativas para los centros que, de momento, encuentran grandes escollos para reformar sus patios? Para todos ellos quisiera explicar en este artículo la teoría de los elementos sueltos o loose parts.

¿Qué son los elementos sueltos?

El origen de la teoría de los elementos sueltos se remonta a 1970. Es formulada por Simon Nicholson en su célebre artículo The theory of loose parts. Nicholson define así la teoría:


«“En cualquier entorno, tanto el grado de inventiva como de creatividad, así como la posibilidad de descubrimiento, son directamente proporcionales al número y tipo de variables que tenga”.

Simon Nicholson

Aplicado a un patio escolar, las variables se refieren tanto a los elementos fijos (tipos de terreno, vegetación, construcciones, columpios, etc.) como a los elementos sueltos. Consideramos elementos sueltos todos aquellos objetos o sustancias que se pueden mover, modificar, combinar, alinear, transportar, juntar, separar, transformar, etc. Cuantos más elementos sueltos y mayor variedad entre ellos, existen más posibilidades de juego creativo. Por ejemplo, materiales como la arena, la grava o el agua son apropiados para el juego creativo. Un niño los puede transportar, moldear, combinar y formar nuevos elementos con ellos, como un canal, un castillo, unos pasteles, etc.

Los objetos sueltos pueden ser de diversa naturaleza: pelotas, cochecitos, spinners (¿por qué no?), piedras, cromos, aros, telas, piñas, bellotas, hojas, ramitas, palos (¿recuerdan el anuncio del palo?), tizas, cajas, cuerdas, cubos, neumáticos… Los objetos sueltos se pueden amontonar, clasificar, alinear, transportar; se pueden recombinar entre ellos para nuevos usos, juegos, creaciones. Los objetos sueltos también pueden ser grandes, como patinetes, telas de tamaño grande para hacer cabañas y refugios, troncos de árbol que ayuden a reconfigurar un espacio o un circuito de equilibrios, piedras grandes con las que explorar construcciones, neumáticos para
hacer carreras o asientos. En internet hay imágenes y videos abundantes en inglés sobre las loose parts, como este.

Una investigación canadiense sobre mobiliario de juegos infantil demostró que, cuando los niños emplean instalaciones como columpios, toboganes, etc. (solo ocupadas un 13% del tiempo), lo hacen de la siguiente manera:

  • 5% del tiempo: los niños usan elementos sueltos juntamente con la estructura.
  • 4% del tiempo: juegan debajo de la instalación
  • 3% del tiempo: juegan conforme a su uso original
  • 1% del tiempo: se usa como prospección.

Es posible que otros niños se vayan sumando a quien inicia el juego de manera espontánea. Los niños entonces entablarán entre ellos conversaciones, compartirán ideas, disfrutarán juntos del juego que han inventado, sin normas previas. Si surge algún conflicto se verán obligados a
resolverlo para seguir jugando y así aprenderán a establecer turnos, a que no siempre se lleva la razón, a que hay que escuchar al otro para pasarlo bien. Los niños aprenden que la convivencia no solo se regula con normas preestablecidas (como en los deportes) sino que son capaces de autorregular sus propios conflictos.

Imagen de F. Finger

Observemos la realidad de nuestros patios: un patio homogéneo, donde los elementos sueltos se ven con recelo o incluso se prohíben, centrado únicamente en una o dos actividades (habitualmente, el fútbol): una inevitable fuente de conflictos, más parecida al patio de la cárcel que a un lugar en el que los niños disfrutan de su tiempo libre y juegan. Soñemos, en cambio, con un patio con diferentes elementos sueltos variados. Un lugar que invita al descubrimiento y la exploración despierta la curiosidad de quien tiene que habitar ese espacio durante mucho tiempo, propiciando las relaciones entre los niñas y niñas, invitando al juego.

Para saber más:

Mariana Morales Lobo

Linkedin: es.linkedin.com/in/marianamoraleslobo

Twitter: @MarianaMorale19

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