La importancia de los transformadores sociales: maestros y maestras de la escuela del cambio.

Lourdes Jiménez García

Lourdes Jiménez García 

Mejor maestra de España 2019, educación primaria. 

Siempre digo que no me considero maestra, sino transformadora social porque a pesar de que debemos enseñar teorías en la escuela, para mí es más importante el hecho de dotar a mi alumnado de valores, competencias, destrezas y habilidades que le permitan enfrentarse a los problemas reales del mundo e intentar solucionarlos, siendo felices y sintiéndose queridos. 

Con demasiada frecuencia cometemos tres grandes errores: 
  1. Querer separar la diversión y el juego del aprendizaje cuando el juego es el mayor recurso pedagógico que tenemos. Ya lo dice Tonucci, “Todos los aprendizajes más importantes de la vida se hacen jugando”. 
  2. Intentar tratar a todos y todas por igual cuando en realidad todos y todas son diferentes y poseen capacidades distintas. Como dijo Gardner, podemos ignorar las diferencias y suponer que todas nuestras mentes son iguales o podemos aprovechar estas diferencias. 
  3. Pensar que el objetivo último de la escuela es crear universitarios y universitarias cuando realmente el fin debe ser crear personas competenciales, creativas y emocionalmente fuertes para gestionar los problemas del mundo real. 

Decía Paulo Freire que estudiar no es un acto de consumir ideas, sino de crearlas y recrearlas. 

Todavía hay maestros y maestras que siguen pensando que salirse del libro es perder el tiempo y dejar de lado el currículum, docentes que siguen anclados a su círculo de confort de la escuela de antaño, queriendo contagiarnos para que no despeinemos el sistema. ¿El currículo? Dónde queda ese currículo cuando vemos a cientos de jóvenes desmotivados porque dejaron de creer en ellos y ellas por no ser capaces de afrontar la enseñanza desde el plano mecánico y memorístico. Dónde queda ese currículo cuando hablamos de fracaso escolar como si no fuese con nosotros el tema, como si no fuésemos responsables de poner esas etiquetas sobre cada uno de esos niños y niñas, haciéndoles tremendamente vulnerables. 

La escuela es ese lugar mágico donde ocurren cosas maravillosas a diario, una ventana al mundo donde confluyen cientos de contrastes; debe ser punto de encuentro de posibilidades, emociones, creatividad y aprendizaje significativo.

La escuela debería ser ese refugio de cada uno de los niños y niñas que nos llegan cargados de sueños y esperanzas por cumplir. Por lo tanto, los maestros y maestras no tenemos únicamente la misión de transmitir contenidos teóricos, sino de mostrarle a nuestro alumnado cómo poner en práctica ese contenido, cómo ser una buena persona, con una inteligencia emocional fuerte, y cómo aprender a vivir y convivir juntos.

Los docentes tenemos, junto a las familias, un gran reto por delante, ser los transformadores sociales de un mundo mejor, más solidario, empático, tolerante y humano. 

Lourdes JIMÉNEZ GARCÍA

Para conseguir que podamos actuar como transformadores sociales es necesario tener un modelo de escuela que permita estas actuaciones, esto significa que debemos apostar por la escuela del cambio, esa escuela que permite potenciar las relaciones humanas, la inclusión y el trabajo en equipo a través de metodologías innovadoras y activas como el aprendizaje servicio, el aprendizaje por proyectos, la utilización de diferentes recursos materiales y digitales que hagan atractiva la práctica escolar, pero sobre todo necesitamos maestros y maestras de vocación y de corazón, que sepan que el principal cambio de todo está en ellos y ellas, en nuestra actitud (que es la mitad de todo en la vida), en nuestro compromiso social, en nuestra capacidad de descubrir talentos y hacer brillar estrellas. 

Actuar como transformadores sociales.

Cada uno de nuestros niños y niñas son los mejores de la clase en algo y debemos descubrir en qué, debemos buscar ese talento para potenciarlo. Si logramos este gran reto, estaremos consiguiendo que nuestro alumnado mejore su motivación y autoestima, estaremos haciendo que nuestros niños y niñas se enamoren de su escuela y quieran ser protagonistas de su aprendizaje para aprender por interés propio y, una vez que estén en ese punto, podremos empezar a transformar, mirando desde sus ojos, para hacer de esta sociedad un mundo mejor, cargado de coeducación y respeto. 

Piaget decía que el objetivo principal de la educación es crear personas capaces de hacer cosas nuevas, y no simplemente repetir lo que otras generaciones hicieron, así que como maestros y maestras debemos hacer que nuestro alumnado tenga a su disposición un amplio abanico de experiencias, tareas, proyectos y actividades que le permitan encontrar su sitio en la escuela, su motivación y su talento, dando rienda suelta a su originalidad porque, vaya o no a la universidad, su papel en la sociedad será igual de importante. 

El aprendizaje no estriba únicamente en la adquisición de contenidos, sino en la experimentación de los mismos. Por apuntes no se puede enseñar a vivir. Como dice Mar Romera, la educación del S. XXI es la que se ocupa del ser más que del saber. 

Así que, sí, yo no soy maestra, yo soy transformadora social y creo en el poder transformador de las palabras y los abrazos.

Lourdes Jiménez García

https://twitter.com/mjimgar222

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