La importancia de los climas emocionales en la escuela.

Jorge León Vilches

Las palabras emoción, afecto y amor están de moda en los contextos educativos. Muchos docentes excepcionales las llevan aplicando a su quehacer diario en las aulas de manera instintiva gracias a su intuición sobre lo que debe ser una buena praxis educativa, especialmente en las primeras etapas pero, ¿sabríamos justificar con evidencias por qué lo hacemos?. 

Muchas veces aplicamos en las aulas metodologías o estrategias sin conocer la base científica que las respaldan. Gracias a los avances tecnológicos e investigaciones recientes podemos por fin, dar la razón a todos esos docentes afectivos.

¿QUÉ NOS DICEN LAS INVESTIGACIONES AL RESPECTO?

Investigaciones como la de Erk (2003) demuestran que emociones positivas y neutras activan regiones cerebrales responsables del control emocional y conductual, la atención, memoria o la resolución creativa de problemas, aspectos que resultan esenciales en el proceso de aprendizaje.

Entre los factores con más impacto en el proceso de enseñanza aprendizaje, estudiados por Hattie, se encuentran las expectativas positivas del alumnado, la relación entre el alumnado y el adulto y la capacidad del docente por hacer creer (saber) al alumnado que son capaces de mejorar sus competencias gracias a su esfuerzo y perseverancia. Y estos factores se dan, evidentemente, en climas o contextos emocionalmente positivos y afectivos.

“Cuando en nuestras clases nos centramos abiertamente en crear un ambiente positivo para el aprendizaje, empezamos a establecer en los cerebros de los alumnos, unas asociaciones entre el aprendizaje y el placer que les va a durar toda la vida”. Ian Gilabert.

La creación de un clima cálido y afectivo sistemático donde las expectativas tanto del profesorado como del alumnado es siempre positiva potencia la motivación e implicación directa del alumnado, fomentando a su vez la aparición de emociones que promueven aprendizajes significativos, pero para esto es completamente necesario docentes formados y apasionados con su profesión y los niños y niñas con los que trabaja, transmitiendo ese cariño, seguridad, motivación y pasión por aprender sonriendo.

Todo el alumnado en general, y el de Educación Infantil en particular, no necesita docentes fascinantes, sino personas capaces de fascinarles. Resulta esencial que como docentes lleguemos con la mejor de las energías a clase, recibamos todas las mañanas a nuestro alumnado con una gran sonrisa, les abracemos y les hagamos sentir importantes, que sepan que nos preocupamos por ellos, que son parte vital de nuestra aula y que estamos ahí para alentarles y acompañarles en este bonito proceso que es la educación. Y esto ya no es solo una opinión o cuestión de intuición, es lo que defiende la ciencia.

“Emociona a tus alumnos y aprenderán”

Elisa Beltrán

Por tanto me gustaría resaltar la necesidad de crear estos climas emocionales en un contexto donde el error se asume con naturalidad, donde el alumnado es el  protagonista de su aprendizaje, cooperan, comparten y se emocionan. Un ambiente cálido y seguro, donde la sorpresa, curiosidad, intriga y asombro empuje al alumnado de manera instrínseca a la participación activa, jugando mientras aprenden y aprendiendo mientras juegan.

Por suerte, para que se den estos factores que tienen tal relevancia en el aprendizaje y desarrollo integral del alumnado no dependemos de los recursos materiales o económicos del centro ni de las políticas educativas, sino de nuestra pasión y compromiso como docentes y de la admiración por nuestros niños y niñas en la profesión más bonita, gratificante e importante del mundo. “Que tu escuela sea mejor porque TÚ estás trabajando en ella”. Santos Guerra.

Jorge León Vilches

One thought on “La importancia de los climas emocionales en la escuela.

  1. Todo aprendizaje debe ir teñido de una emoción positiva, así cuando el alumno deba recordarlo, lo hará con placer. Si por el contrario, guarda en su memoria el aprendizaje junto al sufrimiento que le causó preferirá no recordarlo.

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