Entrevistamos a Javier Mur Isaiz

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Javier Mur Isaiz,   actualmente profesor  en   el Colegio La inmaculada La Salle, de Santiago de Compostela. Galardonado en los  XXXI Premios Francisco Giner de los Ríos a la Mejora de la Calidad Educativa  así como finalista autonómico en los  Premios Acción Magistral 2015 por el   #ProyectoGuillén.

¿Si tuvieras que elegir un momento de tu vida profesional, con cuál te quedarías?

El primer día que entré al aula de cuarto de primaria en el Colegio Minte de Monzón como maestro y me encontré a mis primeros 23 alumnos delante. Vieron a un profe nuevo en el colegio y ponían una cara de curiosidad e ilusión muy graciosa. Supongo que sabrían que era novato, pero me lo pusieron muy fácil. Fue el curso ideal para debutar como maestro, una clase excelente, gracias a ellos aprendí muchísimo y en parte lo que vino después no hubiese sido posible sin lo que me enseñaron sin saberlo tanto el alumnado como sus familias.

¿Qué es para ti la innovación educativa y todo el “boom “que está surgiendo?

La innovación educativa para mí es una forma de entender la educación, en el sentido de que tengo que buscar constantemente las herramientas y metodologías que me permitan adaptar el proceso de aprendizaje a las demandas del alumnado. En una sociedad que avanza tan rápido, con los grandes cambios sociales y laborales que nos rodean, cobra más sentido que nunca lo de “renovarse o morir”. Hay que aprender día a día, y no es una frase hecha, es una convicción.

El “boom” que está surgiendo es una buena noticia, ya que tanta difusión puede animar a muchos docentes a perder el miedo a hacer algo distinto. En parte las tecnologías han posibilitado que la información llegue más rápido y más lejos, pero profesores innovadores hace años que hay. Cuando estudiaba primero de magisterio conocí a Miguel Calvo, un profesor del movimiento de renovación pedagógica Aula Libre, y con él vi que se podía hacer otra escuela. Siempre ha habido innovadores, por suerte ahora se difunde más.

Continuamente escuchamos que los docentes debemos enseñar desde el cerebro del que aprende, ¿cuál es tu opinión al respecto ?

Desde el cerebro tanto en lo cognitivo como en lo emocional.Es fundamental saber empatizar con el alumnado, ponernos en su mismo registro y a partir de ahí acompañarlos en el proceso de aprendizaje poniendo los estímulos necesarios y haciendo las correcciones pertinentes, pero intentando hacerlo desde una posición paralela a ellos, no de frente.Si no eres capaz de conectar con tu alumnado, difícilmente conseguirás que te valoren, y si no te valoran, probablemente no valorarán lo que dices, lo que mandas o la forma en la que trabajas, por muy buena que sea.

Es cierto que cada vez hay más recursos tecnológicos en el ámbito educativo, y sin embargo los resultados académicos no son del todo  buenos, ¿por qué crees que esto sigue sucediendo?

Coincido con quienes piensan que la tecnología no es la solución. La solución pasa por la metodología, y la tecnología simplemente debe ser una herramienta más, pero no la única y me atrevería a decir que tampoco la principal. Esa metodología debe conseguir llegar hasta el interés del alumnado y así poder motivarlo. Una vez que está motivado para el aprendizaje conseguiremos mejorar. Hasta ahora, en muchas ocasiones, sólo están motivados hacia la tecnología, no hacia el aprendizaje.fotografia-premios-francisco-giner-de-los-rios-noticia2-31116

Pero cuidado, cambiar la metodología y llegar al interés del alumnado no significa que debamos confundir las cosas y que todo sea válido. Si no hay esfuerzo por parte del alumnado tampoco se logrará un resultado mucho mejor. La clave es llegar a conectar interés con esfuerzo. En este sentido, el deporte o la música nos pueden ayudar mucho para ver como esfuerzo, motivación y aprendizaje van estrechamente unidos.

¿Cómo sería en tu opinión, el maestro ideal y el contexto educativo innovador ideal?

En mi opinión,  ser maestro hoy en día es:

  • Ser un activador de personas, todos tienen un “yo” que hay que despertar y potenciar, pero cada uno es diferente y no se debe tratar de homogeneizar.
  • Alguien que está dispuesto a aprender de su alumnado, con humildad suficiente y sin miedo a reconocer que se equivoca.
  • Un referente para su alumnado y para las familias. Su actitud es clave y se contagia tanto a sus compañeros de claustro como a su alumnado.
  • Alguien formado y capaz de argumentar desde la teoría y desde la práctica, que escucha a las familias y que también ejerce una función tutorial con ellas.
  • Un agente social, debemos ser conscientes de que su trabajo es clave para un futuro mejor de toda la sociedad, y eso conlleva una gran responsabilidad.
  • Por último, un enamorado de lo que hace. Parafraseando a Bukowski, “Si no te sale ardiendo de dentro, a pesar de todo, no lo hagas”

 El contexto educativo innovador ideal es aquel en que posibilita que el maestro se sienta seguro de sí mismo y con libertad para probar cosas diferentes. Esto no hay que esperar a que llegue por sí solo: el equipo de docentes y la dirección del centro se han de esforzar por “profesionalizar” la docencia, tanto desde la teoría existente como teorizando sobre su propia práctica. Y es básico hablar con las familias, explicarles el por qué de las cosas, ser totalmente transparentes y que vean que sabes lo que haces y por qué lo haces. Cuando vean que te estás tomando en serio la educación de sus hijos y que pones todo lo que sabes al servicio de su aprendizaje, el contexto te ayudará y te facilitará la tarea. Si no te ven implicado, será más complicado conseguir ese contexto facilitador.

Para esto es fundamental una dirección del centro que permita innovar y se muestre colaborativa. En mi caso, siempre he tenido mucha suerte porque nadie me ha cuestionado el por qué de las cosas, y eso es algo que sin duda es clave.

Dedicas tu vida a ‘escuchar a los niños’, ¿cuáles son las cosas más interesantes que has aprendido de ellos?

La capacidad de empatía con sus iguales y de resolución de problemas cotidianos que tienen es mucho mayor de lo que nos pensamos. Sólo tenemos que crear el ambiente adecuado y el desarrollo que se consigue es espectacular.

También que la toma de decisiones y la responsabilidad juegan un papel muy importante. Actualmente, tanto escuelas como familias dejan que se empiecen a tomar decisiones de forma autónoma en la adolescencia. Justamente cuando uno más se rebela contra el mundo es cuando tienes que comenzar a tomar decisiones… y el resultado puede ser catastrófico. Si adelantamos el inicio de toma de decisiones a los diez u once años y lo trabajamos adecuadamente, probablemente cuando lleguen a la adolescencia los errores que se cometerán no sean tan decisivos.descarga

¡Cuántos casos de personas sobreprotegidas o sobrevigiladas, tanto a nivel de estudios como de comportamiento, acaban siendo todo lo opuesto a lo que se pretendía en cuanto llegan a la adolescencia! Las razones puede ser varias, quizá porque se vieron reprimidos durante mucho tiempo o porque no supieron ser autónomos en su estudio. Si esto se trabaja ya en primaria, los avances son enormes.

Además del sistema tradicional de enseñanza pública, hay numerosas escuelas privadas que proponen otros métodos de enseñanza alternativa (Kumon, Montessori, Waldorf, Doman…), ¿qué opinas de ellos?

Todos los métodos tienen cosas positivas que pueden aportar pero no me quedaría únicamente con uno. No me considero ningún purista de una metodología concreta porque al final puedes terminar olvidándote de lo importante: la persona. Yo hago cosas que funcionan, y si veo que no sirven, las cambio. No tengo que permanecer anclado en un método y negar cualquier otro. En lectura, por ejemplo, con el método Doman, he conseguido resultados espectaculares, pero soy consciente de que este método tampoco es la panacea y hay quienes no terminan de funcionar con él. Si un método no funciona pues se busca otro, y no hay que obsesionarse.

¿Qué habilidades deberían evaluarse en los alumnos para saber si realmente están preparados para el mañana?

Quizá no sepa cuales son todas las que sí que indican que están preparados para el mañana, pero sí se cuales de las que utilizamos hoy en día no funcionan. Está sobradamente probado con ejemplos notables en la sociedad que personas que en colegio no tenían buenos resultados han acabado siendo excelentes profesionales en muy diversos ámbitos.

Esto lo que muestra es que la evaluación de contenidos no es ni de lejos la forma de evaluar al futuro ciudadano. ¿De qué me sirve que sepa todos los ríos de la vertiente Mediterránea si luego cuando va al monte no se lleva de vuelta los residuos que genera o si en su casa utiliza el retrete como papelera en la que todo se puede tirar?

La evaluación del ciudadano de mañana, desde mi punto de vista, va hacia un enfoque más competencial y en el que la actitud es un factor con mayor relevancia que hasta ahora.

Igual que considero que la clave con la tecnología no es la tecnología en sí misma sino la metodología que utilizamos, a la hora de evaluar al alumnado deberíamos valorar las habilidades y las formas de trabajar.

Ana Arraiz y Fernando Sabirón, dos profesores que tuve en la Universidad de Zaragoza afirmaban que la evaluación crea realidad. Esta afirmación está cargada de razón y no somos conscientes de la cantidad de veces que nuestra evaluación condiciona el proceso de aprendizaje. Pensemos por un segundo en el alumnado de segundo de Bachillerato, que vive obsesionado con la Selectividad y ese año está condicionado desde el día uno por la evaluación. Todo gira en torno a una prueba.

En este sentido, herramientas como un portafolio etnográfico, adaptado al nivel en que nos encontremos, puede ser de utilidad porque puede recoger tanto contenidos como competencias.

A nivel de habilidades, no me alejaría demasiado de la propuesta de Jacques Delors sobre los cuatro pilares de la educación que se recogen en el libro La Educación encierra un Tesoro, y a partir de estos elementos repensar la evaluación.

Se escucha continuamente que para que haya aprendizaje es necesario un desafío que provoque en el alumno una necesidad de ‘querer conocer’. ¿Qué puede hacer la escuela y los padres para despertar en el alumno e hijo –ya desde bebé– esta necesidad, y que así llegue a la escuela motivado?

Discrepo de la segunda parte de la pregunta. No creo que haya que conseguir motivarlos si previamente no los desmotivamos.

Cuando un niño aprende algo, tiene unas ganas enormes de contarlo y demostrarlo, ¡Claro que quieren aprender! El problema es que en muchas ocasiones con actividades y tareas poco acertadas vamos lastrando sus ganas de aprender, y se termina convirtiendo en un sacrificio más que en un proceso apasionante.

A todo el mundo nos encanta poder hablar e intentar demostrar que sabemos sobre algo (un buen ejemplo soy yo mismo escribiendo estas líneas). Estoy motivado porque alguien me ha preguntado qué sé sobre un tema concreto y me piden que lo comparta.visita-navidad-grupo-1

 ¿Por qué no se crea este mismo escenario con nuestro alumnado? Debemos darles la palabra, dejarles que sean protagonistas y nos demuestren lo que saben más allá de un folio con diez preguntas en las que tienen que escribir algo que han memorizado el día anterior y olvidarán pasados dos días. Esto no es cosa sólo del colegio, en casa también, y las familias deben poner su parte. ¿En cuántas casas se pregunta “¿qué has aprendido hoy en el cole? ¡cuéntanoslo!”  y dejan que su hijo hable del aprendizaje.? No me refiero a “¿qué has hecho hoy en el cole?”, sino a “¿qué has aprendido?”. Aunque aquí ya se juntan muchos factores, cada casa es un mundo y es complejo, pero eso no significa que no debamos intentarlo.

En resumen, pienso que tanto escuela como familia deben posibilitar un entorno “realización personal” donde cada uno pueda expresarse de forma regular sobre lo que le apasiona y sobre lo que aprende.

Si tuvieras que crear un “club educativo” ¿a quién invitarías? ¿ Cuál seria el lema que lo identificara?

Invitaría a todos los miembros de la comunidad escolar:

Considero que hay miles de docentes haciendo cosas geniales y cualquiera sería más que bienvenido, compartir es aprender.

Las familias tienen mucho que aportar, no se puede educar a un individuo sin contar con la familia, y serían fundamentales en ese club.

Del mismo modo, igual que hablamos de transversalidad del aprendizaje, estaría bien que en las aulas pudiésemos tener contacto más directo con profesionales de muy diversos ámbitos, para tratar de dar un enfoque multidisciplinar al aprendizaje.

Y por supuesto, el alumnado. Pedagogía viene de el griego paidón (“niño”) y  ágo (“guía o conductor”). En teoría es el adulto el que enseña, pero hoy podemos decir que somos todos los que aprendemos recíprocamente.

#ProyectoGuillén

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  • Blog: http://blogcuartominte.blogspot.com.es
  • Twitter:  @SilbanHobo
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