Entrevistamos a Francisco Cid Fornell.

Francisco Cid Fornell es coordinador del equipo de educación infantil en CEIP Quintanilla.

 

¿Si tuvieras que elegir un momento de tu vida profesional, con cuál te quedarías?

Por supuesto cuando fui galardonado con el premio a la excelencia e innovación educativa por la Asociación Mundial de Educadores Infantiles.

¿Qué es para ti la innovación educativa y todo el “boom “que está surgiendo?

La innovación educativa es y debe ser la esencia del docente, la genética del maestro. Supone derribar antiguos estándares didácticos y apostar por una enseñanza de calidad. Se dice que en educación” todo está inventado” y no es cierto. Los sistemas de enseñanza aún tienen campos por explorar, ya que han sido mucho los años que hemos estados anclados en vertientes inactivas y pasivas por parte de los educandos.

 

“O asumimos que la figura del docente es más relevante que la de un futbolista, o seguirá lloviendo sobre mojado”.

 

Continuamente escuchamos que los docentes debemos enseñar desde el cerebro del que aprende, ¿cuál es tu opinión al respecto?

Mi campo es la educación infantil, una disciplina eminentemente emocional y afectiva. Si a esas edades no llegamos al corazón, poco tiene que decir nuestro cerebro independientemente del lugar donde éste aprenda.

Es cierto que cada vez hay más recursos tecnológicos en el ámbito educativo, y sin embargo los resultados académicos no son del todo buenos, ¿por qué crees que esto sigue sucediendo?

Existe cierta descoordinación entre los distintos agentes de la comunidad educativa. Para exigir hay que implicar en el proceso, sea la parte que sea. Si todos no remamos a una, y nos acusamos mutuamente con carencias o privilegios, difícilmente llegaremos a buen puerto. Otro aspecto a destacar es que se sigue usando la educación como “arma política”, con continuos cambios de leyes dependiendo del partido que gobierne. Leyes que se redactan sin la aprobación ni participación de los verdaderos protagonistas del proceso educativo, los docentes. O nos concienciamos y asumimos que la figura del docente es más relevante que la de un futbolista o tronista, o seguirá lloviendo sobre mojado.

¿Cómo sería en tu opinión, el maestro ideal y el contexto educativo innovador ideal?

Aquel docente cercano, con ganas de trabajar, de ilusionar en un lugar donde se quiera aprender, donde quieran que se enseñe. Un lugar en el que el docente se sienta respetado y respaldado y donde la palabra empatía mueva conciencias.

Dedicas tu vida a ‘escuchar a los niños’, ¿cuáles son las cosas más interesantes que has aprendido de ellos?

Trabajo con niños de tres, cuatro y cinco años. Cada día aprendo algo de ellos, aunque hay un aspecto que nunca olvidaré y es que para un alumno de infantil eres su máximo referente, su figura de apego, su “héroe” a seguir, por lo tanto debemos comportarnos de tal manera que podamos devolver todo aquello que se nos ofrece.

Además del sistema tradicional de enseñanza pública, hay numerosas escuelas privadas que proponen otros métodos de enseñanza alternativa (Kumon, Montessori, Waldorf, Doman…), ¿qué opinas de ellos?

Todos tienen su grandeza, sus bondades y carencias. Dependen del contexto donde se impartan, los recursos que se tengan etc. El trabajar por proyectos es alucinante, pero nada sencillo, y sin embargo se usa asiduamente y en ocasiones sin experiencias. El trabajo cooperativo es una herramienta de primer orden, pero debe tener una finalidad concreta. Son muchas las vertientes y cada uno debe usar aquella con la que se encuentre más a gusto y cualificado.

DSCN0443¿Qué habilidades deberían evaluarse en los alumnos para saber si realmente están preparados para el mañana?

El aprendizaje significativo sin duda. El que la enseñanza tenga una finalidad, un por qué y pueda ser aplicada a distintos aspectos de la vida del docente. Un aprendizaje que sirva para resolver problemas cotidianos, y moldeable para “acomodar “dicho aprendizaje a distintas situaciones.

Se escucha continuamente que para que haya aprendizaje es necesario un desafío que provoque en el alumno una necesidad de ‘querer conocer’. ¿Qué puede hacer la escuela y los padres para despertar en el alumno e hijo –ya desde bebé– esta necesidad, y que así llegue a la escuela motivado?

La filosofía de las “cuestiones de interés” responde a la perfección a esta pregunta. Un método capaz de integrar a las familias en el proceso educativo de sus hijos resolviendo las cuestiones de éstos. ¡Qué mayor motivación que ver a sus padres/madres en el aula, resolviendo codo con codo con el docente, una cuestión de un alumno/a!

Si tuvieras que crear un “club educativo” ¿a quién invitarías? ¿ Cuál seria el lema que lo identificara?

El lema es sencillo: “Si te gusta enseñar, bienvenido seas”. Un club abierto veinticuatro horas, los 365 días del año y cuyo miembros sólo deben cumplir un requisito. Que amen su profesión.

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