Entrevistamos a Almudena Ocaña Arias

almudena ocaña ariasAlmudena Ocaña Arias, profesora de Música en Secundaria desde 1998. Actualmente ejerce en  IES Pablo de Olavide  (La Luisiana – Sevilla).

Autora de “Cómo amanso a mis fieras”. Estrategias para mejorar la convivencia en clase a través de la música. Editorial Desclée.

¿Si tuvieras que elegir un momento de tu vida profesional, con cuál te quedarías?

Es difícil elegir un único momento entre tantas experiencias vividas a lo largo de los años. Si tuviera que elegir, me quedaría con los momentos en los que se ha creado un verdadero ambiente de comunidad a través de la música. A veces ha ocurrido que gente que no se trataba ha conectado tras haber realizado una dinámica musical. No hablo solo de alumnos, sino también de compañeros. En una ocasión, estando en Marchena, organizamos un festival de música con motivo de la navidad. El alumnado se preparó las actuaciones de manera libre, ellos organizaron la mayoría del tinglado. El profesorado se animó y quedábamos durante los recreos en el aula de Música para ensayar también. En esa época, también colaboraba con el instituto la asociación cultural del pueblo para fomentar el flamenco en clase. El festival resultó un gazpacho musical en el que participó todo el mundo. Se creó un ambiente buenísimo, una verdadera conexión entre todos. Lo disfruté muchísimo. Algunos de los momentos los cuento en mi libro, porque fueron dinámicas de clase que se convirtieron en actuaciones espectaculares.

El curso pasado ocurrió algo parecido en La Luisiana con motivo del festival Musiqueando 2016, que se celebró en abril de manera simultánea en centros educativos de todo el territorio español.  La convocatoria partió de COAEM (Confederación de Asociaciones de Educación Musical de España)

Aurora (la maestra de música del cole) y yo nos entusiasmamos con la idea y movilizamos a la gente para sacar la música a la calle. Contamos con la colaboración de ambos equipos directivos, tanto del colegio como del instituto, del ayuntamiento, de artistas de la localidad y, por supuesto, de compañeros, alumnado y sus familias.12301678_1942686559289913_6910893979865434660_n (1)

Montamos un escenario en la plaza del pueblo, fuimos por la calle con pancartas y tambores y estuvimos disfrutando de las actuaciones durante toda la mañana. La gente se volcó con la actividad, con la música y con los chavales. Es increíble la magia que puede llegar a crearse en estos momentos y cómo puede sentirse una verdadera unión entre todos.

¿Qué es para ti la innovación educativa y todo el “boom “que está surgiendo?

Creo que la innovación no tendría que ser un “boom”, sino algo constante en nuestro trabajo diario en las aulas. Nuestro alumnado va transformándose a un ritmo vertiginoso. Innovar es algo necesario para poder seguir el ritmo que nos marca la evolución natural de la sociedad y de los chavales a los que les damos clase. En nuestra profesión nos debemos a nuestro público, igual que los artistas, y tenemos que mantenernos muy atentos a los cambios, a las nuevas necesidades que surgen, a las tendencias educativas… y actualizarnos constantemente para no quedarnos obsoletos, para poder atender al alumnado lo mejor posible.

No concibo un médico que sea reacio a conocer nuevas técnicas que supongan un avance en medicina, ni un estilista de moda que continúe anclado en los diseños de los años 60 (a no ser que sea ”vintage”, claro) o un administrativo que todavía siga trabajando con máquina de escribir.

En el ámbito educativo tenemos que renovarnos constantemente. Comprendo que a muchos les cueste y que consideren esto de la innovación como un “boom”, como una moda más y prefieran continuar haciendo lo que ya saben porque es como se sienten cómodos. Uno va cumpliendo años y cada vez cuesta más actualizarse, aprender cosas nuevas. Pero hay que intentarlo. No digo que haya que utilizar en clase todo lo nuevo que va saliendo, sería de locos. Pero, por lo menos, conocerlo para poder seleccionar lo que a cada uno le venga bien, lo que considere oportuno, útil y aplicable en la realidad de su clase.

“Innovar es algo necesario para poder seguir el ritmo que nos marca la evolución natural de la sociedad y de los chavales”.

Continuamente escuchamos que los docentes debemos enseñar desde el cerebro del que aprende, ¿cuál es tu opinión al respecto?

Estoy de acuerdo con la idea. Pero pienso que no sólo hay que enseñar teniendo en cuenta las condiciones del cerebro receptor (capacidad de aprendizaje, nivel académico, etc.), sino también el contexto, la situación que rodea a cada alumnado, su procedencia, su centro de interés, sus aptitudes y dificultades, circunstancias del centro, entorno, familia…

Tratamos con personas que, en ocasiones, han pasado por situaciones que no deberían haber vivido y nos empeñamos en enseñarles conocimientos, considerando un fracaso escolar al que no ha sido capaz de aprender.

Yo no sé si en ocasiones el fracaso es nuestro por no poder atender al alumnado en condiciones, por no poder proporcionarles una asistencia emocional previa a la situación de aprendizaje, por no contar con tiempo para hablar o reflexionar con ellos porque tenemos que cumplir con la programación, porque son muchos por aula, porque cada uno es diferente y todo el mundo no aprende igual. No sé.

Para poder enseñar desde el cerebro del que aprende (teniendo además en cuenta sus circunstancias, necesidades, motivaciones, etc.) tendríamos que cambiar el sistema actual y disponer de más tiempo, libertad para organizarnos y, principalmente, disminuir la ratio. No se trata de contar con más recursos materiales ni invertir en tabletas o pantallas, sino de poder ofrecer una atención más personalizada a nuestros niños.

Es cierto que cada vez hay más recursos tecnológicos en el ámbito educativo, y sin embargo los resultados académicos no son del todo  buenos, ¿por qué crees que esto sigue sucediendo?

Creo que aquí podríamos enlazar con lo anterior.

Yo puedo tener un aula en el que treinta alumnos han traído sus tabletas o sus móviles de última generación para realizar una determinada actividad en clase. Pero no dejan de ser treinta. Por mucha formación que el profesorado tenga en cuanto a nuevas tecnologías, lo más normal es que de ese grupo, sólo los que tengan más interés y pericia logren desarrollar la actividad que el profesor haya propuesto. Otro grupo se pondrá con otra aplicación diferente, o se atrancará y no podrá seguir porque el profesor está intentando controlar a otro grupo que se ha puesto a mandar whatsapps, a hacerse fotos o a divertirse grabando un vídeo del desesperado profesor para colgarlo en You Tube.

Los resultados académicos no tienen por qué relacionarse con las nuevas tecnologías. Yo incido en la importancia de la ratio, pero también en el ambiente familiar y la importancia que los padres otorguen a la formación de sus hijos. Cuando un alumno/a tiene detrás un respaldo familiar fuerte, que le inculca inquietudes académicas, lo anima a estudiar, lo acompaña y está al tanto de las cuestiones escolares de su hijo/a, se nota.  Se nota muchísimo. No es cuestión de formación académica, sino de actitud.

Yo he tenido alumnos que en sus casas tenían pocos recursos económicos. No tenían internet, ni ordenador ni móvil. Se apañaban con la biblioteca pública y los amigos. Sus padres tampoco tenían estudios, pero querían que sus hijos estudiasen y se lo transmitían: muchas ganas de aprender, respeto, afán de superación, atención, lectura, trabajo diario y esfuerzo.  Contra eso, no hay nueva tecnología que valga.

¿Cómo sería en tu opinión, el maestro ideal y el contexto educativo innovador ideal?

Supongo que el maestro ideal sería el que fuese capaz de despertar el interés en el mayor número de alumnos y prepararlos mejor, tanto para la siguiente etapa como para la vida en general. El cuanto al contexto educativo innovador ideal, creo que se trataría de uno dispuesto al cambio, flexible, adaptable, pionero, que atendiese a las necesidades actuales del entorno, con visión de futuro, que fuese a la vez refugio y catapulta.

Dedicas tu vida a ‘escuchar a los niños’, ¿cuáles son las cosas más interesantes que has aprendido de ellos?

Una aprende que detrás de alumnos “fatales” pueden esconderse personas capaces de destacar en campos como la música, la pintura o el deporte. Se aprende a valorarlos como personas, sobre todo si han pasado situaciones arduas.  Aprendes a valorar la importancia que ellos le dan a lo que dices y a cómo se lo dices.

Estos dos últimos años han sido especialmente difíciles en nuestro instituto.  Hemos sufrido el fallecimiento de dos alumnas, una en 2015 y otra en 2016. No puedo describir con palabras lo que hemos pasado. Observar a chavales de 12 y 13 años dándose ánimos, consolándose y permaneciendo unidos durante la tragedia, sin faltar ni un día a clase, intentando sobreponerse a los golpes sin dejar de lado los estudios…Creo que esto ha sido la lección de resiliencia más importante de mi vida, y me la han dado ellos, mis alumnos de La Luisiana.

Además del sistema tradicional de enseñanza pública, hay numerosas escuelas privadas que proponen otros métodos de enseñanza alternativa (Kumon, Montessori, Waldorf, Doman…), ¿qué opinas de ellos?

A mí me encantan las escuelas alternativas. Aprendo mucho de ellas e intento aplicar lo que puedo en clase. Sin embargo, actualmente en nuestro país es muy difícil el marco legal de una escuela libre o el tema de educar en casa de forma alternativa a la oficial.

Yo intento tomar lo que creo que me puede servir para mis clases, intentando transmitir ese amor por aprender que parece que emana de una educación en libertad, potenciando la independencia, la autonomía, el trabajo cooperativo, la realización de proyectos, las dinámicas grupales, los juegos, etc.

Me encanta todo lo que sirva para mantener el interés, despertar la curiosidad, motivar al alumnado y, en definitiva, hacer que las ganas de aprender broten de dentro hacia fuera y no al revés. Hay alumnos que se aburren soberanamente y por más que se haga, no se consigue nada, porque la chispa tenemos que encendérsela en el corazón, en las entrañas. Yo soy partidaria de probar de todo hasta dar con la tecla. Cuando encuentro una herramienta que me sirve para sacar a un niño de su letargo, me rindo a los pies del que me ha ayudado, ya sea Monsessori, Waldorf o quien sea.

¿Qué habilidades deberían evaluarse en los alumnos para saber si realmente están preparados para el mañana?

Las que se consideran actualmente competencias clave. Las encuentro muy adecuadas. Un alumno/a tiene que convertirse en un adulto competente, autónomo, independiente, innovador, emprendedor, emocionalmente sano, libre, feliz…Son muchas cosas. Es muy difícil estar preparado para el mañana, porque cada uno va a tener un mañana diferente. Tendremos que prepararlos para que sepan defenderse y valerse por sí mismos en el mañana que ellos elijan o en el que les toque vivir, y estimularlos para que continúen aprendiendo por sí mismos en su vida adulta sin necesidad de un maestro.

Se escucha continuamente que para que haya aprendizaje es necesario un desafío que provoque en el alumno una necesidad de ‘querer conocer’. ¿Qué puede hacer la escuela y los padres para despertar en el alumno e hijo –ya desde bebé– esta necesidad, y que así llegue a la escuela motivado?

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Yo no creo en las recetas mágicas. Ojalá hubiera una varita o un conjuro para poder arreglarlo todo.  Lo que sí es verdad es que el niño tiende a imitar lo que hacen sus padres. No puede ser que le exijamos a un niño que no diga palabrotas en el colegio cuando sus padres las dicen en casa como si nada, O que pidamos que le guste leer si en su casa no hay ni un libro y tampoco ha visto nunca a sus padres con un libro entre manos.  O que se hablen con respeto si está todo el día puesto el “Sálvame” o el “Hombres y mujeres y viceversa”. Es luchar contra corriente.

No sé si se trata de una cuestión de cultura general, de los programas de televisión con los que nos bombardean o del pesimismo que nos invade a raíz de la crisis. Tenemos muchas familias que están pasando por una mala racha que ya está durando demasiado. Es injusto pedir motivación y buena disposición a una familia en la que están todos sus miembros en el paro y sobreviven con la ayuda familiar. Muchos niños están pagando el pato de todo esto y eso se nota en las aulas.

También tenemos el caso opuesto: padres que están trabajando y ven a sus hijos un ratito cada noche. Los niños permanecen solos todas las tardes, todos los días. Demasiado dan de sí con el panorama que tienen.

Aun así, aunque estemos pasando por circunstancias difíciles, creo que tanto la escuela como los padres tenemos el deber de mantener la ilusión por nuestros niños. Que se sientan comprendidos, animados, queridos y acompañados. Que la familia acompañe al niño en su lectura, que le celebre sus logros, que muestre interés por lo que aprende y comparta la ilusión del que lo está viviendo todo por primera vez.

A lo mejor es mucho pedir, pero yo creo que hay que intentarlo.

Si tuvieras que crear un “club educativo” ¿a quién invitarías? ¿ Cuál seria el lema que lo identificara?

Yo ya tengo un “club educativo” en mi instituto. Lo formamos todos los profesores del claustro y el lema es “El IES Pablo de Olavide, un centro emprendedor”.

A lo mejor esta respuesta resulta un poco chocante, pero es que cada uno tiene que montarse su club allá donde esté trabajando. Yo puedo invitar a Fernando Savater o a José Antonio Marina, pero vendrían un día de visita, firmarían en el libro de invitados, pasaríamos un día memorable… y luego volverían a dejarme sola en la realidad de mi clase.

No hay nadie mejor que nosotros mismos para afrontar nuestros problemas y resolver nuestro día a día. Toda la ayuda y la formación que podamos recibir ha de ser bienvenida, pero, como dice José María Toro, “el recurso educativo por excelencia eres tú”.

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