Corazón de Maestro

Pienso que mi trabajo es el mejor trabajo del mundo, soy súper afortunado y mi objetivo es ser el mejor maestro para mi alumnado.

¿Qué debe tener el corazón de un maestro/a?

El corazón de un maestro es especial, “está hecho de otra pasta” y esa pasta tiene que llevar:

1- ILUSIÓN

2- TERNURA

3- GENEROSIDAD

4- RESPETO

5- AMABILIDAD

6- FLEXIBILIDAD

7- MOTIVACIÓN

8- ALEGRÍA

9- ARTE

10- LIDERAZGO

Las emociones son el motor del aprendizaje, si queremos que los niños y niñas lleguen al colegio ilusionados, nosotros debemos empezar nuestro día con ilusión, nuestro trabajo nos lo exige, tenemos el mejor trabajo del mundo y sólo teniendo ilusión por nuestro trabajo transmitiremos este sentimiento.

Debemos contagiar a nuestro alumnado la pasión y la idea de que cada día es una nueva aventura. Un maestro debe estar abierto a aprender algo nuevo todos los días y nuestro alumnado es nuestra inspiración, si creemos que ya lo sabemos todo nunca transmitiremos estas ganas por aprender. Este trabajo demanda un esfuerzo diario, un querer siempre mejorar.

Un docente debe ser cariñoso, debe ser amable, debe tener empatía con su alumnado, conocerlos bien y repartir abrazos a quien más lo necesite.

Todos tenemos una historia a las espaldas, pero el colegio nos transforma, nos mejora, saca nuestra mejor sonrisa, porque nuestros alumnos/as lo merecen y nos necesitan.

Cada profesor/a tiene su personalidad y forma de ser, pero un maestro debe ser flexible con su alumnado, cada niño y niña es único. Debemos ser atentos y ser respetuoso, puede ser que fuera del entorno escolar yo sea reservado o poco detallista, pero mi alumnado se merece que sea el maestro más detallista del mundo y que siempre tenga tiempo para sus preguntas e intereses.

Somos motivadores, somos el mejor ejemplo que tienen que tener nuestros alumnos/as. El docente debe ser el líder de su grupo, debe motivar para que sus alumnos/as no dejen de ser curiosos, emprendedores, colaborativos y siempre quieran aprender. Como gran lider, seré asertivo con ellos cuando las cosas no salgan todo lo bien que me gustarían y les pediré perdón por mis errores siempre que haga falta, porque del error y de los fallos siempre aprenderemos.

El profesor/a debe ser artista, divertido y el alma de la fiesta.

No se me da bien bailar y para nada me gusta disfrazarme ni salir de la rutina, pero nunca dejaré a mis niños y niñas sin una actuación, sin un desfile de carnaval, un almuerzo en grupo o sin una fiesta de centro, el docente debe reinventarse por su alumnado.

Si soy buena persona, mis alumnos/as también lo serán. Compartirán, se pondrán en el lugar del otro, serán solidarios con los más necesitados, ayudarán a los demás con sus dificultades y siempre se respetarán unos a otros.

Si yo soy feliz, ellos serán felices.

Somos el motor del cambio.

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