¿Cómo te sientes?

¿Te lo has preguntado hoy? ¿Alguien te lo ha preguntado?

Rut Alconada

Pues de esa manera comenzamos cada mañana nuestro día en el colegio, recibiéndonos con un saludo, una sonrisa y preguntando ¿cómo te sientes hoy? A continuación reflexionamos sobre cómo nos sentimos, damos nombre a esa emoción y la compartimos con todos nuestros compañeros y compañeras. De esta manera ya sabemos de qué emoción partimos, buscamos cómo gestionarla y cómo abordar el día, con la ayuda, el cariño y la comprensión de todos los miembros de la clase. Pues si yo sé cómo te sientes podré empatizar contigo y nuestra convivencia será más respetuosa y saludable.

¿Por qué es necesario trabajar la educación emocional en las aulas?

Las emociones están siempre presentes en nosotros, desde que nos levantamos hasta que nos acostamos. En cualquier situación, en las prisas cuando vamos en el coche, en las carreras para cumplir nuestros horarios, en nuestros malabares para lograr conciliar la vida laboral con la familiar… y en nuestros niños y niñas están igualmente, desde el mismo momento en el que tienen que lidiar con la rabia de querer seguir durmiendo cuando les despertamos, la pena de dejar a papá y a mamá cuando les llevan al cole, la alegría de ver allí a sus amigos…

Cada día nos enfrentamos a multitud de situaciones que activan nuestras emociones, saber identificar y regular esas emociones influirá decisivamente en la calidad de nuestra vida y en nuestro bienestar.

La sociedad está en un continuo cambio y las escuelas también deben estarlo. Hoy en día el colegio nos da conocimientos… pero no nos enseña a conocernos a nosotros mismos; en él crecemos… pero  no nos enseña a desarrollar y trabajar nuestro crecimiento personal, y sin embargo es donde, junto con la familia en el hogar, debe realizarse pues son los años más importantes en los que se forja y construye la personalidad, la identidad personal, la autoconfianza, la autoestima…

Esto nos lleva hoy día a tener alumnos y alumnas que sacan dieces en matemáticas, que saben idiomas,…  pero que están deprimidos, sienten soledad, son acosadores, se sienten incomprendidos, se sienten rechazados… o ni saben cómo se sienten, ni saben gestionarlo ni saben pedir ayuda. 

La escuela es un lugar para aprender, para convivir pero especialmente debe ser un lugar para vivir, para sentir, para emocionarte…

Pues la escuela debe ser un lugar donde prepararte para la vida. Por ello, además de trabajar la educación del SABER de nuestro alumnado es muy necesario que este vaya acompañado de la educación del SER. Para ello debemos ir descubriendo el mundo emocional de cada uno y trabajar las diferentes habilidades emocionales como son la empatía, la asertividad, la motivación, la resiliencia, la autoconfianza, el autocontrol, etc. porque todas ellas son entrenables y se pueden aprender.

Partiendo de esa gran base los niños y niñas estarán más preparados para cualquier aprendizaje. Para ello es importante generar tiempos de diálogo y de escucha, de compartir emociones, de descubrir y aprender un vocabulario emocional que les ayude a identificarlas de manera apropiada y validarlas, darles recursos para que puedan resolver sus conflictos a través del diálogo, enseñarles a valorar el proceso por encima del resultado y que entiendan que un error no es un fracaso sino una oportunidad de aprendizaje y de crecimiento.

Debemos dar la importancia que tiene el conocerse a sí mismo, a aceptarse y a quererse tal y como eres, con tus virtudes y tus defectos, conocer nuestras emociones, cómo se manifiestan, cómo gestionarlas y las consecuencias que provocan.

Que nuestro alumnado tenga herramientas para superar las dificultades que se van a encontrar, a optimizar sus recursos, enseñarles a ser resilientes, necesitan aprender de sus errores y no tener miedo a equivocarse, necesitan aprender a abrazar la valentía del intento, a valorar sus esfuerzos, a entender que todo lleva su tiempo, a ver la belleza de la paciencia y de la constancia.

Enseñarles que todos somos únicos y eso es lo enriquecedor, mostrar lo que nos diferencia a cada uno pues en la diversidad está la riqueza.

Numerosos estudios científicos demuestran que los niños y niñas con buenas habilidades emocionales son más felices y adquieren mayores aprendizajes, entonces ¿Por qué no les enseñamos a gestionarlas?

Ayudémoslos trabajando la educación emocional en las aulas.

Rut Alconada

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